METALIZADO
El objetivo del metalizado es la protección de estructuras metálicas, mediante la aplicación de recubrimientos de zinc, aluminio y/o acero inoxidable.
El objetivo del metalizado es la protección de estructuras metálicas, mediante la aplicación de recubrimientos de zinc, aluminio y/o acero inoxidable
El metalizado es ideal para puentes, tanques y todo tipo de estructuras metálicas. Este proceso también se lo conoce como Termorociado, Rociado Térmico o Thermal Spray.

El Proceso de Metalizado comprende el calentamiento del material de aporte, ya sea en forma de polvo o de alambre, hasta obtener un estado fundido o semi-fundido
Este material se transporta mediante una corriente de gas o de aire comprimido para su depósito, creando una estructura en la superficie de un determinado substrato.
Durante el proceso se emplea una fuente generadora de calor y un material de aporte que se alimenta en forma de polvo o de alambre. Con la ayuda de la fuente de calor, el material de aporte que se alimenta, se funde y se proyecta sobre la superficie previamente preparada.
La metalización térmica por rociadura es un proceso que aplica sobre un sustrato gotas fundidas de distintos materiales como metales, aleaciones, plásticos, carburos u óxidos. Aunque existen más de 250 materiales que pueden emplearse, los metales —especialmente aluminio y zinc— son los más utilizados para la protección contra la corrosión.
Esta tecnología comenzó a expandirse en la década de 1960, impulsada por las necesidades de la industria aeroespacial y aeronáutica de recubrimientos con altas prestaciones.
Antes de la aplicación, el sustrato debe estar completamente limpio. En superficies de acero se realiza una limpieza mediante chorro abrasivo hasta grado Sa 3 (o Sa 2½–3), sin presencia de grasa o aceite, y con un perfil de rugosidad normalmente entre Ry 50–85 µm.
La fuente de calor en la metalización térmica suele ser la combustión de gases como acetileno, propano, hidrógeno o gas natural, mezclados con oxígeno. La temperatura de la llama varía entre 1900 y 3100 °C, siendo el acetileno adecuado para fundir acero y otras aleaciones, mientras que el propano se usa para metales de menor punto de fusión como zinc, aluminio o plomo.
El alambre del material se introduce en el centro de la llama para fundirse de forma uniforme. Posteriormente, aire comprimido pulveriza el metal fundido y lo proyecta sobre el sustrato. La pistola de aplicación se mantiene normalmente a una distancia de 12 a 20 cm de la superficie, mientras un mecanismo regula la velocidad de alimentación del alambre.
Dos alambres de metal (se usan alambres homogéneos y huecos) se alimentan a través de una pistola de aire, de tal forma que se cruzarán al salir por por la parte anterior de la pistola de aire. Ambos alambres deben tener la misma velocidad. A través de la pistola los alambres están en contacto con interruptores (tuberías o bloques) acoplados a un rectificador eléctrico. Aquí se transfiere la electricidad a los alambres rodeados de un campo ionizado. En el punto de cruce entre los alambres y el arco eléctrico, se fundirá el metal en los
alambres. El arco se mantiene mientras se electrifique el metal. La velocidad de partícula es aproximadamente 150 – 250 mIs y la temperatura en el arco eléctrico es aproximadamente de unos 55000C.
Desde un orificio en la parte de atrás del arco (punto de cruce) se alimenta aire comprimido, vaporizando el metal fundido y proyectando el vapor del metal sobre el substrato.



